jueves, 30 de mayo de 2013

En el Pantanal


Hoy toca hablar de El Pantanal. Una región en Mato Grosso que desborda vida salvaje. Es una región de pantanos que se pasa medio año anegada por el agua, en la época de lluvias y la otra mitad el agua se va yendo poco a poco y la región queda más transitable.
La llegada suele hacerse al aeropuerto de Cuiabá y desde ahí, en coche, se llega en unos 100 km a la carretera Transpantaneira. Una pista sin asfaltar que cuando llueve mucho se puede volver intransitable y recomiendan ir en un buen coche 4x4. Como nosotros llegamos en comienzo de la época de sequía no tuvimos problemas con un VW Gol de poca potencia. Por lo menos en los 30 primeros kilómetros, nos pilló algo de lluvia pero los hicimos bien. Luego, a partir de cierto punto, del cruce con el Río San Lorenzo (creo), la carretera se vuelve una pista de patinaje a poca agua que caiga y no pudimos continuar. Pero no importa, nuestro objetivo estaba mucho antes, la posada Araras Eco Lounge.

Toda la zona de la carretera Transpantaneira está bastante deshabitada, solo en algunos ranchos y posadas hay gente así que los animales campan a sus anchas por el territorio. Es increíble la cantidad de pájaros que hay, desde mínimos a gigantescos especímenes bien feos. De mamíferos también andan sobrados aunque éstos se esconden más y, que recuerde, solo conseguí ver capibaras, koatis, un zorro, conejos y un montón de simpáticos monos. A parte de las vacas, caballos y búfalos criados para alimentar y servir al ser humano. El preciado jaguar pintado que domina el territorio fue esquivo y no lo conseguimos ver, nos decían que estaba más hacia el final de la transpantaneira pero el coche no nos daba para llegar a causa de las lluvias.
Caimán
En cualquier caso, tuvimos animales de sobra en los alrededores de la posada.
Reptiles también tienen, muchísimos de hecho. Caimanes a punta pala, que te miran con ojos de deseo cuando estás cerca, como pensando que puedes ser un suplemento vitamínico extra a su dieta de pescado y capibara. Hay miles de caimanes, de noche apuntas con una linterna a una charca y ves sus ojos rojos. En realidad ves cientos de ojos rojos. Menos mal que no se nos han perdido nada en el agua…

Por lo general las posadas de la zona funcionan de modo similar, ofrecen alojamiento, comida y excursiones. Sobre alojamiento no hay pegas, una habitación con 2 camas y cuarto de baño más que digno y una agradable hamaca en el exterior para descansar de las excursiones.
La comida tampoco tiene pega, hay comida en abundancia de la de repetir hasta reventar 4 veces al día. A saber: Desayuno, sobre las 7:00, copioso con bollería, huevos revueltos, fruta, leche, café. Y la impagable compañía de varias especies de aves que acompañan el desayuno y lo degustan acompañándote. Es un placer ver a los pajarillos de cabeza colorada tragando bizcocho y mantequilla.
La comida, creo que a las 12:00, otro bufé a base de arroz y feijáo como base y un montón de otras cosas, carne y pescado y postre.
Desayunando
La merienda, a las 16:00, a base de bizcochos, café y tés.
La cena, a las 19:00 que viene a ser como la comida en cuanto a abundancia y tipos de platos.

Entre huecos de comida se pueden organizar excursiones para poder decir que no es todo comer. De entre el abanico de posibilidades nosotros hicimos 3 excursiones organizadas: Visita nocturna a los alrededores, lo que llaman un safari fotográfico. No vimos mucha fauna superior pero sí una cantidad absurda de mosquitos y una gran familia de capibaras.
Un paseo en caballo pantanero, un paseo que atraviesa pantanos y ves a los caimanes observarte aunque no atacarte. Los caballos son muy listos y los detectan y ponen distancia suficiente. Pero ojo, no hay que descuidarse. Es, de largo, la excursión más interesante y que más recuerdos deja. Creo que nos llevamos de vuelta a Sao Paulo un par de pulgas por cabeza que nos marcaron durante unos días.
Paseo en canoa, es bonito pero se suda bastante teniendo que remar. En el lugar donde pillamos la canoa tenían unas jaulas abiertas donde dan cobijo a loros recuperados del tráfico ilegal pero que se han acostumbrado a vivir en dependencia humana. Eso sí, también muy simpáticos y algunos hasta consiguen sobrevivir en la vida salvaje.
El búfalo antes de que nos lo cenemos
También vimos como descuartizaban un búfalo que sería nuestra cena ese día. Rico búfalo, pardiez.
Un paseo por los miradores de los dominios de la posada nos llevó sobre las copas de los árboles a observar la magnitud de la región y compartimos temporalmente el espacio de los monos que a veces se enfadan y a veces no. Esta vez no.
Uno de los días, no lo vamos a considerar excursión, nos trajeron una pareja de padre e hijo que nos deleitaron la noche con sus cantos y baladas “country brasileiro” o sartenejo a la luz de una hoguera que nos mantenía lejos los mosquitos.
Y poco más. Muy recomendable acudir a alguna posada de estas del pantanal, disfrutar de la gastronomía local y de las excursiones. Toda la región parece que está en manos privadas y se mantiene así de salvaje porque todavía no les ha dado por destrozar el medio ambiente. Y que siga así.

Aquí dejo un álbum con fotos de lo que se vimos y vivimos en el pantanal.


Nos vemos.
En mi caballo talibán voy camino a Afganistán

Araras Azules
Anochece


domingo, 31 de marzo de 2013

Diamantina (II)


Diamantina
Diamantina
A parte de comer y dormir, Diamantina tiene otros atractivos culturales que intentamos conocer durante nuestra estancia allí. No es que la ciudad sea muy grande pero sí que permite pasear por sus bien empedradas calles visitando muchas iglesias y algunos museos o incluso, el mercado municipal.
De iglesias por allí, con un estilo colonial y colorido se puede conocer la del Rosario, que es la iglesia de los esclavos. La del Carmo, iglesia con el campanario en la parte de atrás para no molestar a una nueva rica llamada Chica da Silva que vivía por allí. La de San Francisco... no faltan las iglesias aunque no todas estaban abiertas a las visitas o tienen un horario extraño, sobre todo en Semana Santa. La que más animación tenía era la catedral donde había oficios todos los días, tras lo cuales y, en condiciones normales de Semana Santa sin tanta lluvia, hubieran partido diversas procesiones por las calles. Tristemente no coincidimos con ninguna.




Gruta do Salitre
Ya, saliendo de Diadema, pillando la estrada Real se puede llegar a ver una zona de grutas bastante maja, enclavada dentro de un cañón, entre altas paredes de piedra. Es la Gruta do Salitre. Recomiendan ir en horas de luz porque dejar el coche por allí puede ser peligroso por robos. Nosotros tuvimos suerte y no pasó nada. Eso sí, al salir de Diadema y entrar en la Estrada Real nos paró un policía para pedirnos la documentación y recomendarnos que tuviéramos cuidado.







Biribiri
Otra de las excursiones recomendadas desde Diamantina es ir hasta el poblado de Biribiri, un antiguo pueblo que montó una fábrica local y que ahora está solo para uso turístico. El camino es por pista de tierra también y de camino se puede parar en algunas cascadas en las que es posible bañarse aunque con verlas es suficiente si no se tiene tiempo. Merece la pena parar.
En el poblado hay lanchonete y se come bien a gusto y a un precio razonable y se puede disfrutar de una tarde o una mañana descansando en el lugar.

Camino a Biribiri

Camino a Biribiri


En Serro

Ya de vuelta al aeropuerto pasamos por la cuna del queso minero, Serro. Pueblo gastronómico digno de conocer por sus iglesias y por sus derivados lácteos, obviamente. Su economía se basa en estos productos y en artesanía. Aunque un poco a desmano de Diamantina, merece la pena acercarse porque no es muy turística y sin embargo tiene ese atractivo “salvaje” de un pueblo sin mucha explotación turística.









Serro



sábado, 30 de marzo de 2013

Diamantina (I)

Desde la ventana de la posada
Como ya había adelantado, llegó el turno de cerrar la visita a las ciudades coloniales de más renombre de Minas Gerais. Esta vez plantamos la base en Diamantina, una ciudad de unos 40.000 habitantes que está bastante lejos de casi todo. Está muy aislada y llegar allí desde Belo Horizonte lleva casi 4 horas por paisajes arbolados con continuas subidas y bajadas, sobre todo la parte final, después de salir de los suburbios de BH, que son un infierno, por cierto.

La llegada a Diamantina nos introduce en una ciudad más auténtica que Ouro Preto o Tirandentes, es mucho menos turística y hay muchas menos atracciones para turistas pero eso ha hecho que se mantenga más natural. De hecho, viendo fotos de hace 100 años se puede ver que no ha cambiado mucho más allá de añadir casas por el centro. La esencia del centro, a base de casas de poca altura, poco verde y calles empedradas, se mantiene perfectamente. Y los coches lo sufren sobremanera.



El alojamiento elegido esta vez es la Posada Reliquias do Tempo, una casa con sus años, colonial, bien cuidada. Con decoración de los años 30 y fotografías de los que supongo fueron los habitantes de la casa en aquella época. La posada ofrece un desayuno bien majo a base de fruta y bizcochos caseros que hace las delicias del más golosón. Lo que realmente destaca es el te de tarde, a las 17:30 suena una campana que nos llama cuando ya está caliente. Cada día ofrecen dos variedades de te para degustar, se acompaña de bizcoches caseros, rosquillitas y picatostes de pan frito que están riquísimos. Muy recomendable no perderse esta hora. Tras tomar el te y bizcocho hasta reventar se puede ir a una de las múltiples zonas comunes que tiene la posada a leer revistas, libros o jugar a juegos de mesa. Se puede pasar una lluviosa tarde de viernes santo la mar de bien en la posada.
En Apocalipse. Fuera llueve
Pero no todo es bueno en la posada, tiene un grave inconveniente del cual no informan y que creo que deberían hacerlo. Los fines de semana hay un ala de la posada que da a una especie de discoteca que no está en absoluto aislada y que hasta las 4.00 a.m. está a todo trapo y no deja dormir. Así que recomiendo exigir una habitación lo más alejada del ruido si vais en fin de semana. Es inaguantable, no hay aislamiento acústico ni en la discoteca ni en la posada.

Comiendo en Diadema. Estos 4 días que por allí estuvimos visitamos unos cuantos locales de alimentación destacando la comida al peso del restaurante Apocalipse,  con precios de unos 45 R$/Kg de comida el local es amplio y medianamente surtido de comida y postres, podría haber tenido más por ese precio. El café es gratis y nos sirvió para para acompañar la mesa después de comer porque justo al terminar de comer empezó a llover a lo bestia en Diamantina y quedamos sitiados en el restaurante.

En el Recanto de Antonio nos pedimos su afanado sandwich de bifé que tardo una vida en venir y que nos ventilamos en un volado. El lugar está muy chulo pero el servicio era muy lento.
En el Recanto de Antonio

Libreria Café Espacio B. Ideal para tomarse unos cafés para recuperar fuerzas. Se pueden comprar o pillar libros de segunda mano para leer mientras se le da al café.

Seguiremos...


jueves, 28 de marzo de 2013

No solo de excursiones vive el hombre

Un lector anónimo que es mi tocayo, que quiere permanecer en el economato (guiño a Gomaespuma), comenta que parece que aquí sólo estamos de excursión en excursión.

Aparentemente eso es lo que tenemos pero que sepáis que hay algo más por detrás que no se cuenta. A saber. Normalmente, entre semana tenemos que trabajar para ganar el salario que nos permita hacer excursiones. La vida laboral es tan rutinaria que no merece una entrada en el blog pero un par de detalles se pueden dar: Madrugamos, trabajamos y volvemos a casa.

La vida empieza a cambiar los viernes o vísperas de feriado. Nos vestimos de forma informal y procuramos salir pronto de trabajar para comenzar el fin de semana lo más pronto posible. Desgraciadamente, las jornadas reducidas de los viernes europeos aquí no están institucionalizadas y se trabaja como un día más.
Otra de las desventaja de los días laborables es que por la mañana calculas muy bien cuando llegar al curro pero por la tarde, en hacer 5 kilómetros podemos estar más de una hora. Hemos llegado hasta dos horas. Solución, ajo y agua y otras veces volver andando que se tarda menos.

Viendo esto es fácil entender porque contamos solo las excursiones aunque no estoy contando todas. Al final me quedo en las más relevantes... una de las cuales comenzaremos mañana y concluiremos la serie de ciudades históricas de Minas Gerais. Ya vimos Tirandentes, Ouro Preto y ciudades cercanas. Mañana veremos Diamantina. Y la cosa promete. Descanso, grandes desayunos y procesiones. Conoceremos cómo se cuece aquí la Semana Santa.

¡Nos vemos!

sábado, 9 de febrero de 2013

Carnavales en Sao Paulo

Este año en vez de ir a un ensayo de escuela de samba decidimos ir al sambódromo a ver desfilar a las escuelas de samba. Espectáculo que si no lo ves no lo crees. Son 2 días de desfiles en que cada escuela da lo mejor de sí en, aproximadamente, una hora de desfile. Nosotros fuimos al segundo día donde desfilaron 7 escuelas. Cada una con unos 4000 integrantes, todos ellos disfrazados siguiendo un hilo argumental definido por cada escuela.
Las escuelas preparan durante el año una alegoría con música, carruajes y disfraces diferenciados dando lugar a una explosión de ritmo, color y baile sin igual. No tengo palabras y hay que ir a verlo para conocer un poco mejor porqué la fiesta más importante del año en Brasil es el carnaval.
Os dejo enlace con fotos porque aquí sí se hace bueno el dicho de que una imagen vale más que mil palabras.

¡Que os guste!


sábado, 26 de enero de 2013

Extrema (II)


Sábado

El día antes habíamos pedido que nos ayudaran a encontrar una empresa que nos llevara a hacer rafting. Nos confirmaron que podíamos y el sábado de mañana madrugamos para ir. Incluso la dueña de la posada vino a la habitación a recordarnos que el desayuno estaba listo y que había que ser puntuales, que son muy serios en la empresa.

Tras desayunar los dueños de la posada nos hicieron seguirles hasta al pueblo ya que iba toda la familia a hacer compras. Llegamos a la plaza y nos apeamos, nos llevan a unas galerías comerciales y… nada. Que no hay empresa de rafting allí. Uno de los niños de la posada había creído que sabía dónde era y los mayores se habían fiado. Para colmo, no sabían dónde era y la oficina de turismo estaba cerrada. Dimos unas vueltas hasta que abrieron la ofi y allí nos dieron la dirección. Afortunadamente llegamos bien, con una hora de retraso pero llegamos. Como no había más clientes no tuvimos problema. Me gusto el lugar porque compartían la empresa de aventuras con un centro de estética femenina. Podías hacerte las uñas y el bigote antes de montar en barca.

Contratamos y pagamos, firmamos los seguros y nos mostraron el equipo a emplear: casco, chaleco y remo. No había neopreno. Caramba, a comprar ropa de baño tuvimos que ir. Menos mal que había una tienda de esos elementos cerca.

Al final ya conseguimos llegar al rafting. Por fin. Nos mostraron los básicos en tierra, luego repetimos en agua y por fín nos lanzamos a la corriente. Corriente bastante fuerte ya que había estado lloviendo fuerte últimamente. Mucho mejor, más emoción aunque el color del agua era un poco chocolate y no se veía nada dentro. Bienvenidos al río Jaguarí. Por lo que nos contaron, el tercer río de Brasil más interesante para hacer rafting.

A nosotros no nos defraudó, entre los saltos que tenía y el caudal extra fue breve pero intenso. Además, que también se puso a jarrear mientras estábamos en la barca y eso le dio un toque extra de aventura. Eso y 2 capibaras que vimos.

Tras la inmersión en agua turbia que no estaba tan fría como para necesitar neopreno, todo sea dicho, nos fuimos a duchar a la posada. Antes habíamos pedido consejo a uno de los del rafting para que nos dijera dónde comer. Nos recomendó el almacén de Bertolotti (aunque todos entendimos Bertolucci cuando lo dijo).

Aviso en el almacén
El Almacén de Bertolotti es un lugar agradable, un almacén que vende productos de todo tipo para los que allí viven que amplió tras una crisis y creó una zona de restaurante. Uno de los dueños, que parecen hermanos, de la familia Bertolotti, nos acogió y recomendó perfectamente. Nos contó la historia local y la costumbre que tienen de hacer fotos a los famosos que llegan. Esas fotos las ponen en los servilleteros en las mesas para que los veamos. En nuestra mesa no los conocíamos, por lo que nos dijo eran pollos de telenovela.

Comida ligera en el almacén
El caso es que nos recomendó comer un plato de ellos a base de carne de cerdo y tubérculo. Lomo, torreznos, salchicha, patata… riquisimisísimo, la verdad. Además, que lo presentan en breve en un certamen en Nueva York. No se si por allí la comida “sana” triunfará pero a mí me dejó encantado. Además le dimos también al buffet y a los postres. Todo exquisito. Alguien nos dijo que en Minas Gerais no se come mal y tenía razón. Aquí el precio fue más elevado pero no desproporcionado. Salimos felices.
Si ya el día anterior habíamos comido hasta reventar, esta vez fue incluso peor. Casi caímos dormidos así que decidimos ir a pasear para bajar un poco la panza. Paseando por Extrema nos entró modorra y sed así que fuimos a tomar unos refrescos y unos helados y nos sentamos en la plaza a ver el tiempo pasar.
Gracias a esta situación, en la plaza pasamos una tarde de lo más entretenida. Había boda brasileña al gusto local. Nos dimos cuenta cuando empezaron a llegar los invitados a la misma.

Empezó el desfile poco a poco. Vimos gente vestida con trajes cortos, muy cortos. Algunos cortos por abajo, tanto que tenían que estirarlos para que no pareciera un cinturón, y otros cortos por arriba, que también tenían que estirar para que no se escapara nada.

Colores, de casi todos. Mejor no enumerarlos pero los verdes, a mi modo de ver, fueron los más numerosos.

El shock nos lo llevamos al ver las piernas que no ocultaba uno de los vestidos cortos. Cosa más fea e impactante no podía ser. Veamos cómo describirlo… Imaginemos una masa deforme y grasienta de anchura desmesurada de rodilla para arriba, y fina de rodilla para abajo. No voy a decir que de rodilla para abajo fuera bonita pero no era desagradable del todo. De rodilla para arriba era horripilante. Asustaba, daba miedo. Queríamos dejar de mirar aquello, pero no podíamos. ¿Por qué no se puso una falda larga en vez de minifalda? Qué horror.

Antes de continuar con la boda, dejadme introducir a todo un personaje que pulula por la plaza de la iglesia de modo rutinario. En las dos tres horas que estuvimos por allí pudimos estudiar sus hábitos, estos son:
Sujeto: Una mujer no muy madura de edad indefinida.
Higiene: Escasa. La mujer es bastante cochina, lleva la falda bastante sucia.
La mujer dormitando
Hábitos: Pasa unos 10-15 minutos tumbada en un banco de la plaza de la iglesia, después se levanta y va a por víveres. Como víveres entiéndase helado, tabaco y cosas así que creemos que consigue pidiendo durante sus viajes. El viaje es alrededor de la iglesia, que es el centro del pueblo.

Con los víveres suele retornar a la plaza, busca un nuevo banco, diferente al anterior, y se recuesta otra vez. Si hay alguien en el banco que ella elije no duda en despacharlo de un modo sutil consistente en tumbarse en el banco y extender las piernas. En algunas de las incursiones entra en la iglesia antes de volver a un banco.

Y es aquí donde vamos a ligar con nuestra historia de la boda. Como en sus paseos suele entrar en la iglesia, mientras llegaban los invitados ella entró un par de veces en la iglesia, una casi hasta fumando. Entra y sale, si hay gente sacando fotos no le preocupa mucho.

Entrada triunfal
Como Pedro por su casa
Como estábamos en primera línea y no perdíamos detalle pudimos disfrutar de la música de entrada, nada más y nada menos que la que da comienzo a la película 2001 Odisea del Espacio. Casi nada. Yo imaginaba al mono echando al aire un palo y mientras la novia avanzaba lentamente hacia el altar. Pero ahí entró en acción la mujer del parque, mientras la novia estaba esperando para entrar con el padrino, allí se acercó la señora. Todos los que estábamos en el parque atentos al devenir de la boda, nos quedamos boquiabiertos, allí estaba la novia y la loca. Menos mal que no le dejaron entrar con la música de 2001 del brazo de la novia.

La boda seguía, de vez en cuando escuchábamos la música y la loca daba vueltas. El final de la ceremonia nos desencantó un poco porque salieron y se marcharon sin hacer mucha fiesta.
Nosotros fuimos al local de moda del pueblo, que está en un lateral de la iglesia (¡cómo no!) que tiene música en directo y mesas en la calle que ocupan, por lo que deducimos, los habituales del lugar. Todas las semanas iguales:
  • Familia de rubias de agua oxigenada
  • Los quinquis del barrio, que están fumando pipas de agua
  • Los amigos de los músicos
  • La familia numerosa más normal, con los niños.
  • Los deportistas que están tomando algo en chándal
  • Los extraños, que somos nosotros.

Y, de vez en cuando, la loca del pueblo pasa por ahí. Yo fui al baño y me contaron que quería quitarme la coca cola y que una de las familias habituales del local la echó de ahí.

Fragoneta en Extrema
Bebidas espirituosas
La vuelta a la posada no fue traumática esta vez pero como seguíamos sin hambre pasamos antes por el súper a comprar un par de cosillas y descubrimos las mejores bebidas de Brasil. O mejor dicho, las bebidas con el mejor márketing de Brasil.





viernes, 25 de enero de 2013

Extrema (I)


Viernes, que es cuando ocurre la siguiente historia.

Nos vamos de excursión a Extrema, un pequeño pueblo en el estado de Minas Gerais, pegadito a la frontera con el estado de Sao Paulo. Ahí pretendemos descansar y olvidar un poco el barullo de la civilización gris a base de hormigón de la ciudad. Queremos aprovechar bien el viernes que es festivo en la ciudad de Sao Paulo ya que se celebra el 459 aniversario de su fundación.

Nos ponemos en camino bastante temprano para no pillar atascos y lo logramos, abandonamos la ciudad fácilmente y sin dolor, un poco de tránsito en las cuestas pero nada grave. De tan felices que estamos hacemos un alto para echar gasolina y comer pan de queso.

Mirante de Minas
Llegamos a la posada Mirante de Minas sin mayores problemas, nos habían dado bien las indicaciones sin las cuales no llega ni el apuntador. Está en una montañita y tiene buenas vistas pero para llegar hay que recorrer varios kilómetros por pistas de tierra sin asfalto. Menos mal que llevamos un coche de altura… aunque también nos faltará potencia y agarre más adelante.





En la posada pedimos consejo para ir a comer y nos recomienda el rincón de Mendez (o Nunhez, ya no me acuerdo) nos dice que es un lugar espectacular, con cascada, lago, vistas y otras atracciones. Ah, y que se come muy bien. Nos da unas instrucciones un tanto imprecisas para llegar pero nos indican que los vecinos que tenemos en la posada saben llegar y que van para allí así que les seguimos.




Vistas desde la posada
Pajarillos de cable
Seguimos a los vecinos durante cerca de 40 minutos por pistas de tierra, pasando cruces, subiendo y bajando. Se veía que no sabían casi cómo ir así que de vez en cuando, cuando se veía a alguien por esas pistas, paraban a preguntar. Por ejemplo a una familia que comía feliz. Les preguntaron los vecinos del coche de delante y siguieron para adelante. Les preguntamos también nosotros. No sabían nada del lugar al que queríamos llegar. Continuamos siguiendo a los vecinos. Total, lo peor que podía pasar es que nos tuviéramos que dar la vuelta.

Unos kilómetros más adelante preguntamos a un señor que descansaba en el camino y nos miró extrañado cuando le dijimos lo que buscábamos. Al describirle un poco el lugar conforme nos lo habían descrito a nosotros parece que supo dónde era y conseguimos llegar. Afortunadamente estaba en la siguiente curva y cuesta.

El acceso al sito era de lo más curioso, con unas columnas “aztecas” esculpidas sobre hormigón. El sitio en sí parecía un remix de gustos estéticos, había dos buggies con curiosos carteles, rosetones a los lados del edificio, un charco artificial… pero estaba cerrado. Además de verlo cerrado físicamente, un señor que por ahí estaba trabajando y que tenía solo dos dientes en la boca nos lo confirmó amablemente.

Casi me alegré de que estuviera cerrado porque a simple vista no parecía muy interesante, igual por dentro era un derroche del buen gusto estético y de la alimento sano y saludable. Nos quedaremos con la duda.

Detalle del lugar de Mendez
Arte "Azteca"






Carreteras de tierra
El Lugar de Mendez o Nunhez
















Con el estómago vacío nos dirigimos hacia atrás sobre nuestros pasos, siguiendo otra vez al otro coche pero esta vez ya hasta un punto en el que nos cansamos porque ellos no sabían dónde iban y, por lo tanto, nosotros tampoco.

Al final dejamos las pistas y pillamos una carretera con asfalto y algo más principal donde vimos un acceso a una cachaçería donde tal vez nos dieran pitanza pero no. Nos informaban que solo daban picoteo pero nos recomendó un lugar que estaba a 8km, ah no, a 8.5km exactamente. Era Extrema Sabor.


De vuelta a la carretera andamos un par de kilómetros después vemos un cartel que indica Extrema Sabor a 8,5km!! Y justo, 8km después hay un cartel que indica que en el punto kilométrico 8.5 está el restaurante.
Llegamos, entramos y nos atiende el dueño, muy majete y simpático que nos hace sentir como en casa. Es buffet libre de comida minera, maravillosa y barata. Acompañado de música bien alta (que luego tuvo la gentileza de bajar) de un montón de estilos musicales, desde canción melosona hasta metal trash. En la variedad está el gusto por lo visto. Lo mejor, la cuenta, por 130 reales nos ponemos las botas 4 personas con comercio y bebercio. A parte del buffet libre habíamos pedido también extras, como una chistorra minera para relamerse los dedos.



Pancillenos como gorrinos después de un banquete nupcial nos fuimos a la cachaçería que habíamos visitado antes para degustar unas caipirinhas. Una presentación y un aspecto envidiable. Un poco cargadas pero así nos duraron más. Nos pusimos tibios también a bolitas de bacalao, queso y salchicha para cerrar la jornada y, mientras procedíamos, la moza nos hizo una degustación de productos que ellos elaboraban y que nos ofreció para que compráramos. Y compramos. Mientras en la calle llovía y llovía lo que no está escrito.
La chica de la cachacería nos pidió permiso para fotografiarnos y ponernos en el facebú y concedimos. Luego vimos que estaba muy sorprendida de que nos pidiéramos unas caipirinha por cabeza y que nos comiéramos el bacalao y lo demás. Si es que somos de buen comer y mejor beber y allá donde vamos, asombramos.

Casi rodando por el suelo como bolas fuimos al coche para llevarnos de vuelta a la posada, que era de noche y llovía.

Llegamos, sí, pero después de equivocarnos de camino justo al final y seguimos con el coche, intentando subir por una resbaladiza pista de barro, empinadísima, con tracción delantera y con el coche lleno. A base de insistir, el chofer casi desgastó el barro y el coche no subía. Al final accedió a que los que íbamos atrás nos sacrificáramos por la manada y diéramos la oportunidad al coche para que subiera. Tras infructuosos intentos, cogiendo carrerilla incluida, el experimentado conductor, que una vez se dedicó a los rallyes, consiguió subir la rampa. Nos esperó arriba y cuando llegamos y avanzamos un rato nos dimos cuenta que habíamos hecho el canelo porque por ahí no se iba a la posada.

Pero estuvo bien. Llegamos a la posada cansados, mojados, sucios y sudorosos, pero llegamos. Allí nos esperaban preocupados porque no llegábamos… y encima vieron pasar de largo un coche. El nuestro.

La rampa de barro que nos hizo sudar
Estrellas del Facebú